martes, 20 de octubre de 2020

Tlatelolco, una masacre inolvidable

 

México bendito y tan bandido a la vez, han sido tantas veces en las que han manchado tu tierra de sangre inocente, ¿Cómo olvidar ese día que de solo nombrarlo eriza la piel? Un 2 de octubre de 1968 la vida de tantos de estudiantes buscadores de justicia fue arrancada por un gobierno asesino y corrupto.

La cantidad de heridos y muertos es todavía un misterio, a medio siglo de haber acontecido, es increíble cómo no hay rastro ni huella de que jóvenes con un propósito tan benigno de querer progresar para un México mejor, fueron abatidos aquella noche sin aviso previo, la verdad quedó impune y junto a eso el sufrimiento eterno de tantas familias.

Un día una plaza repleta de personas con un futuro se tiñó de rojo para dejar una herida permanente, siendo una fecha tan triste y llena de muertos, un 2 de octubre queriendo ser 2 de noviembre mexicano, como lo expresa (Ayala, 2003) en su poema ‘‘Yo acuso!’’.

En México es más peligroso ser estudiante que ser narcotraficante, silencian tu voz y valía con un disparo, que horror participar aquí, que terrible es querer el progreso, que impotente me siento al tener miedo de levantar mi voz cada vez que presencio el mal que existe.

Era un año de progresos, pues se llevarían a cabo los tan sonados juegos olímpicos en nuestro país ‘‘ejemplar’’, que alguien me explique ¿Cómo fue que tanta sangre fue limpiada para amanecer con un México reluciente? Con un silencio que gritaba las voces del sufrimiento de muchos.

Ese día se quedó de luto para cada mexicano y cada estudiante, venimos cargando una cruz muy grande, la cruz de ser estudiantes que pelean por sus derechos, por mejor educación y mejores reformas.

Presidente tras presidente, no importa partido político, han sido participes de miles de atracos a la integridad de nuestros mexicanos, que agonía pasaron tantas familias, dolores tan fuertes como el de perder a un ser querido, un hijo, un hermano, no imagino dolor tan grande.

Tlatelolco no perdona ni olvida lo que hasta la fecha duele, la ambición de un gobierno pudo más que la ambición del corazón de todos esos jóvenes que perdieron la batalla con un propósito limpio ‘‘La ambición del corazón es pura. No compite con nadie y no hace daño a nadie. De hecho, le sirve a uno de tal manera que sirve a otros al mismo tiempo’’ (Fisher, 1999, pág. 38).






No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Una rosa sin espinas